BOHEMIAN RHAPSODY: UNA SOLEDAD DEMASIADO RUIDOSA

Por: Javier Andrés Barrero Salazar.

Ha pasado un poco más de un mes desde el estreno en Colombia de “Bohemian Rhapsody”, la comentadísima película que se considera una biografía del particular, singular y otros adjetivos más, cantante de la agrupación inglesa Queen, Freddie Mercury. Después de escuchar y leer comentarios de todo tipo venidos de cercanos a la buena música y de personas ajenas al cuento del Rock, escribo algo de lo que percibí. Pocas veces escribo en primera persona, tiende a leerse pretencioso, pero me daré la licencia.

Partamos de un principio básico: Es una versión libre de lo que se puede acercar a lo que fueron los inicios del personaje en cuestión en esto que le marcó su vida: La música. Siempre inquieto, listo a crear y a sacar de muy poco ganancias mayúsculas, Farrokh Bulsara, nombre real que luego mutaría para darse a conocer al mundo artístico como Freddie Mercury, hizo de su existencia toda una melodía. De ahí que “Bohemian Rhapsody”, la cinta en cuestión generara desde su campaña de expectativa gran revuelo, no solo entre los seguidores de la banda y cinéfilos, también los activistas LGBTI esperaban ansiosamente ver en pantalla gigante a quien simbolizó para ellos un grito de libertad y de autenticidad en medio de tanta lentejuela, canutillo y baratijas falsas. Y ni qué decir de los ‘normales’.

Bryan Singer, el director inicial (Dexter Fletcher terminó la película), prefirió dejar a la imaginación pasajes duros de la vida de Mercury que tener que reflejar en un espacio tan reducido todo el peso dramático de una existencia ciertamente tormentosa, omitió momentos clave para darle paso a lo esencial: su relación con sus compañeros de la banda, su primer gran amor, Mary Austin, su entrañable cariño por los gatos, su talento inagotable, su prodigiosa voz y su relación con Jim Hutton, su pareja hasta los últimos días.

A pesar de algunas inexactitudes en el guion (No se sabe si fueron voluntarias o no), este documento audiovisual nos aproxima al humano que fue Freddie Mercury, un artista con un extraordinario talento que trató de vivir su vida según sus propias leyes, de ahí que pagó caro tanto atrevimiento, contrajo el sida en lo que se supone que fueron sus grandes bacanales que terminaban cuando ya el cuerpo no le respondía.

Del título de la película solo se puede decir que esta canción, Hotel California de The Eagles y Stairway to heaven de Led Zeppelin, son las más escuchadas en la historia, a la vieja usanza (En LP, casete o emisora) o a través de la exposición mediática (Internet, CD, etcétera, etcétera).

La actuación de Rami Malek, quien tuvo la complicada misión de ponerse en los zapatos de Mercury, sobresaliente, las demás, bien. Infortunadamente Queen está en boca de muchos hoy día no por su producto musical precisamente, he ahí uno de los lunares de esta producción, tal como ocurrió con “The Doors (1991)”, de Oliver Stone, quien revivió a la banda de Morrison y lo convirtió precisamente en algo que el cantante detestaba: ser un fetiche.

Por fortuna han habido casos contrarios en los que se les rinde tributo en vida a héroes del Rock, como “Anvil, la historia de Anvil”, en el 2008, dirigida por Sacha Gervasi, fanático de la banda, quien puso en el sitio que realmente se merece al grupo canadiense.

“Bohemian Rhapsody” es una buena película que, además de mover la registradora gracias a su exagerada carga emotiva, deja en claro que Queen es una de las más grandes bandas que ha dado Inglaterra. Basta solo mirar el concierto del grupo en Wembley 86 y seis años después en el concierto tributo en el mismo estadio, a la mejor voz de la música que se haya escuchado.

El título de esta reseña se lo robo al escritor checo Bohumil Hrabal, quien en 1976 publicó una joya de la literatura “Una soledad demasiado ruidosa”, apenas para describir en parte la vida de Freddie Mercury.

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