Hablar de Joyce es romper con los cánones de la novela tradicional, es hablar de Hiperrealismo, es interponer todos los tipos imaginables de lectura y escritura, haciendo de la novela algo poético.

La atmósfera de la novela joyciana tiene un valor poético más sublime que lo que tiene su forma narrativa. “Exiliados”, la única obra dramática del escritor, es un punto de referencia excelente para valorar este método de vía purgativa, con la aparición del “Ulises”, se plantea el inconsciente como lenguaje, lo subjetivo, lo abstracto, lo profundo y lo trascendente. El escritor toma influencia de los clásicos para después moldear los personajes con su pincel hiperrealista hasta hacer una mofa de ellos, como es el caso de Hamlet con Stephen Dedalus. El Ulises como Nepente, como Leteo destilador de tormentos, es una prueba de la necesidad de reconquistar el lenguaje, de deformarlo, tragárselo, pisotearlo para crear la sublimación literaria intentando incorporar todas las formas narrativas.
Destino joyciano
Joyce plantea la novela como búsqueda de nosotros mismos, ahondar en el lacrimoso mar de nuestra propia existencia y gritar sobre la espumante ola, nuestra praxis es el argumento donde hay un desangrar intelectual y muy pocas rosas.
En “Dublineses”, el autor raya con género próximo a Chejov y Maupassant, para después fragmentar la realidad de manera más sublime en sus obras posteriores, en los 14 relatos de la obra, el desarrollo es totalmente significativo, cada cuento va relacionándose simbólicamente para denotar un significado con más significaciones aún. En este sentido se busca una pluralidad de significados en la que se rompe con esquemas creados por los académicos, que en más de una ocasión cohíben la ninfomanía del escritor. La influencia de Joyce en la novelística moderna es considerable, desde Cortázar hasta la poética de Vallejo, vemos el pincel del autor irlandés.
En “Exiliados” Joyce nos muestra una libertad amortajada, tanto por parámetros sociales como emocionales, en donde los diálogos nos llevan a desembocar en la irrealidad misma del lenguaje. Se juega con los convencionalismos y conceptualizaciones sociales mostrando diferentes puntos de vista. En este punto recordamos al escritor Aldoux Huxley con su obra “Contrapunto”, en la que hay un fluir de ideas aparentemente incoherente, pero en la que existe una simbolización interna. En este aspecto Joyce llega a la exaltación en el “Ulises”, la novela mejor escrita en inglés durante el siglo XX, según algunos especialistas.
La influencia del escritor se ve de manera inmediata en escritores modernos como Cortázar y su “Rayuela”. Una ola de irrealidad cubre los rostros mancillados por el llanto y la obtusa cotidianidad, embriaguémonos con esta ‘realidad extraordinaria’, como diría alguien, no la realidad primaria que vemos todos los días mutilando la lúdica, sino la creación subjetiva del mismo universo.
Joyce es una incitación a lo oculto que hay en cada acto superficial de la existencia, a buscar en lo desconocido que es la matriz creativa para así destilar el veneno de la propia vida.
 
“Yo empleo mi genio en descubrir las delicias de la crueldad, no pasajeras, sino que son parte del hombre y con él morirán”.
Conde de Lautremont

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