FUSIONES Y CONFUSIONES PESADAS

Por: Javier Andrés Barrero Salazar.

En otras circunstancias escribir sobre un tema que tiene tanto de ancho como de largo, resultaría, a lo menos, dispendioso. Sin embargo, debido a la cuarentena a la que nos tiene sometido ese virus llamado inicialmente coronavirus y luego covid 19, el  tiempo da para eso.

Además del tema, esta vez tomaré una licencia que no suelo darme: redactar en primera persona del singular (es decir, en términos de yo). No lo hago porque se lee pretencioso, subido y casi dogmático. Los escritores, en su mayoría, recurren a este estilo por su megalomanía, disfrazada de falsa modestia.

Hechas estas precisiones, pasaré a plantear el tema a manera de cuestionamiento: ¿Qué ha pasado con el Rock Fuerte y el Metal?

No es una alarma ni una crítica, simplemente considero que cada vez más las apocalípticas letras de Armando de Castro de Barón Rojo en su maravillosa “Cuerdas de Acero”, cobran vigencia “…ojalá el tiempo no logre borrar todos los lazos que te unen al Rock…”, una clara evidencia del temor bien fundado que sentía tanto Armando como muchos rockeros de antaño que ven con suma preocupación hoy que a cualquier sonido se le etiqueta de Rock y más aún, de Metal, por figuración, por estética o simplemente por considerarse o creerse lo que la cultura occidental denomina ‘outsider’, un término que se podría definir en español como ‘fuera de lo convencional, diferente o raro’.

Escuchaba uno Black Sabbath, Deep Purple, Led Zeppelin, Kiss, Alice Cooper, Ten Years After, entre otras bandas por los lados del Rock pesado y teatral, Yes, Rush, Emerson, Lake and Palmer, King Crimson y los dioses Pink Floyd por los lados de los sonidos más experimentales con el convencimiento pleno de que era Rock muy bien hecho.

Del Rock Pesado pasamos al Heavy Metal puro y decantado, por los lados de Inglaterra Judas Priest, Saxon, Iron Maiden, Angel Witch, por citar apenas unas, desde Alemania Scorpions y Accept daban de qué hablar. A principios de los 80 esos sonidos fueron mutando y volviéndose más pesados y rápidos aún, apareció el Thrash, el Death y un poco más adelante el Black. Hasta ahí, todo bien.

El asunto se vino a complicar con las mezclas y con las fusiones que destacados músicos experimentaron y plasmaron en trabajos de bandas creadas básicamente a mediados y finales de los 80, dando como resultado ‘ruidos extraños’, que sin ser ajenos al Metal, en algunos casos generaban y generan cierta resistencia por parte de los más puristas consumidores del Metal.

Y en ese mar de dudas navegamos hoy, muchos grupos optan por denominar a la música que tocan de tal o cual manera, rayando incluso en algunas oportunidades con el absurdo.

¿Señalar responsables de esto? Estas líneas no son una diatriba, ni un señalamiento, simplemente son una postura que he tenido la oportunidad de compartir con algunos conocidos y varios coinciden en las mismas inquietudes. El Metal, entre sus varios postulados, tiene el de la libertad, de ahí que en nombre de esta (libertad creativa o experimentación), se validen muchas expresiones.

Lo cierto es que la premonición plasmada en “Cuerdas de Acero”, cada vez se siente más cercana, en muchas bandas que se consideran de Metal, la guitarra brilla por su ausencia o por su bajo protagonismo. Qué miedo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here