OPERATION MINDCRIME: UNA JOYA QUE MERECE MÁS BRILLO

Por: Javier Andrés Barrero Salazar.

En la vida, como dice el poeta Julio Flórez Todo nos llega tarde…incluso la muerte… sin llegar al extremo de invocar a la muerte, esa frase del poema escrito por el boyacense calza muy bien en los gustos que uno como aficionado a la música va desarrollando con el paso de los años. Advertencia: todo lo que se lea a partir de acá es a título personal, propenso a corregir.

A finales de la década del 70 en el siglo XX, llegó a mis manos “Last Concert in Japan”, un poderoso disco de Deep Purple, que, aunque no era con la formación clásica (Blackmore, Gillan, Glover, Paice y Lord), capturaba la agresividad y la energía de una de las mejores bandas de Rock de la historia. A decir verdad, era más bien una formación rara (Bolin, Hughes, Coverdale, Lord y Paice), pero igualmente excelente. Fue lo primero que escuché y que me convenció de que el Rock bien podría ser una alternativa sonora interesante. Obviamente un niño menor de 10 años no se plantea esas inquietudes, por lo menos en esos términos, pero lo cierto es que me impactó mucho el ruido de la Púrpura Profunda… aún lo hace.

Para no alargar tanto el cuento, llegó la década del 80, el Pop acabó poco a poco con la música Disco, Inglaterra asomaba, ya no tímidamente la cabeza, para decir presente y sentar las bases de un sonido particular, la NWOBHM (En castellano la Nueva Ola del Heavy Metal Británico), todo era Iron Maiden, Judas Priest, Saxon, Tygers of Pang Tang, Def Leppard, etcétera. Eventualmente se mencionaba al Metal alemán de Scorpions y Accept. Estamos hablando de grupos considerados hasta cierto punto mainstream (un término para decir que hacen parte del comercio), con el perdón de los más radicales que cuestionan todo y en este caso en particular, enumerarían bandas más underground  (palabra que asocio más a la película de Emir Kusturica) que al Metal. Mil disculpas a los Thru.

Estados Unidos, para variar, no se podía quedar atrás, Los Angeles, San Francisco y Nueva York, veían nacer la escena Thrash con las agrupaciones por todos conocidas, de la misma manera Los Angeles se convirtió en el eje del movimiento Glam, un tipo de Rock y Metal que no gustaba mucho a los thasheros porque, según ellos, se ocupaban más de lucir bien que de hacer música pesada.

Lo particular de los principios de los ochenta es que, paralelo a esos dos movimientos, aparecieron en escena grupos que, inspirados completamente en los sonidos más melódicos, complejos y progresivos (los dioses Pink Floyd y King Crimson), no abandonaron la pesadez del Metal, se arriesgaron a mezclarlo con esos sonidos. Fates Warning y Queensryche, un par de años después los insufribles Dream Theater, crearon lo que la historia denomina Metal Progresivo.

En ese contexto este último sonido no me acababa de convencer, no podía entender cómo se podían fusionar lo melódico y progresivo con lo pesado. Craso error. Pasados unos años entendí que la música, bien compuesta y bien ejecutada, permite miles de combinaciones, está en cada uno asimilarlas. Fue hasta finales de la década del 90 que comprendí que el Metal Progresivo es complejo, a veces denso, pero en general, muy bueno.

En 1988 Queensryche (una palabra compleja que se pronuncia quinsraik y no quinsrich, como solemos hacerlo), grabó ‘Operation Mindcrime’, un álbum conceptual (es decir, un disco que desarrolla un tema o una historia a través de todas las canciones), simplemente sensacional. Una auténtica joya del Metal Progresivo.

La historia trata de Nikki, un adicto que se ve forzado a cometer un crimen en medio de la efervescencia política pero que entra en conflicto al hallarse en la disyuntiva de serle leal a su ideología o entregarse por completo al amor tras conocer a Mary, una mujer de tres en conducta.

Lo vengo escuchando desde finales de los 90 y cada vez me convenzo más de que no están muy equivocados quienes lo catalogan como una Ópera Rock y lo comparan con gemas como “Hair”, la pintura de Milos Forman sobre lo absurdo de la Guerra del Vietnam (me refiero a la fabulosa banda sonora a cargo de The Fifth Dimension), The Wall, de Pink Floyd y Tommy de The Who.

Honores y admiración para el trabajo de estos cinco músicos. Scott Rockenfield, Michael Wilton, Eddie Jackson, Chris DeGarmo y la voz única de Geof Tate. Infortunadamente las diferencias hicieron que esta alineación no continuara, pero dejaron este y otros trabajos para la historia del Metal Progresivo (Empire, The Warning, Promised Land, por citar unos).

Esta es la lista de canciones que acoplan esta maravilla:

«I Remember Now»

«Anarchy-X»

«Revolution Calling»

«Operation: Mindcrime»

«Speak»

«Spreading the Disease»

«The Mission»

«Suite Sister Mary»

«The Needle Lies»

«Electric Requiem»

«Breaking the Silence»

«I Don’t Believe In Love»

«Waiting for 22»

«My Empty Room»

«Eyes of a Stranger»

No sé, me da la impresión de que la historia no le ha dado la verdadera importancia al grupo y mucho menos al trabajo. Por estos lares no es tan frecuente mencionar a Queensryche como una banda que se escucha regularmente, bueno, salvo la balada onírica “Silent Lucidity”, infaltable en la programación de los bares.

Apenas unas líneas para rendir tributo a una banda infravalorada y a un disco demasiado bueno. Casi perfecto en su estilo. Bueno, lo perfecto solo cabe en los trabajos de King Crimson y de Pink Floyd (hasta que Waters dejó al grupo, es decir, hasta The Final Cut).

 

 

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