PITY O EL DERECHO A LA TRISTEZA

Por: Javier Barrero.

Grecia no queda en América. Afortunadamente. La cultura helénica, base del pensamiento occidental, siempre trató de poner al hombre por encima de todo, salvo de la naturaleza. En eso y en el respeto, los griegos y los europeos en general, nos aventajan a nosotros los occidentales más jóvenes.

En muchas manifestaciones artísticas se da buena cuenta de esto, basta citar solo dos maravillosos ejemplos de la producción griega: La enigmática y excelente artista, sin desconocer su inquietante belleza, Irene Papas, quien junto a Anthony Quinn y Alan Bates protagonizó una pintura plasmada en cinta: Zorba el Griego, de Michael Cacoyannis, en 1964.

Otra joya griega es la fabulosa unión de tres grandes músicos: Vangelis, Loukas Sideras y Demis Roussos, a esto le llamaron Aphrodite`s Child, Rock Progresivo muy bien creado y ejecutado, incluso la misma Irene Papas colaboró con un par de voces para uno de sus trabajos.

Todo esto para decir que Pity, la segunda película del director Babis Makridis, es otro gran aporte helénico al arte escénico. Una película hecha para ser degustada tal como su desarrollo narrativo: lentamente. En Pity, como en la mayoría del cine independiente o europeo sin afán de presunción, no prevalece la duda de la aceptación del público masivo (Traducción: ser rentable económicamente), afortunadamente impera un sentido estético alejado  de las pretensiones hollyvudenses (No sabemos si este término exista, pero se ajusta bien a la intención del director).

El asunto parece simple, pero termina no siéndolo tanto: Un hombre aparentemente exitoso (o lo que la sociedad considera que es el éxito), entra en un estado de tristeza permanente, causado al parecer por el coma en el que cayó su esposa después de un accidente, es un abogado litigante con buenos recursos económicos, tiene un hijo bastante talentoso para el piano, hasta ahí lo básico. Él hace de la tristeza una forma de vida. Permanente.

Todo se complica cuando lo que debería ser una excelente noticia, pasa a ser el motivo de la duda en la película. Resulta que la esposa supera el coma y regresa a la casa, sin embargo, el abogado no cambia para nada su nueva actitud.

Es allí donde gana la película, no cae en fatalismos ni en facilismos, ni en finales predecibles. La crítica ha sido benévola con la cinta, producida en 2018, hasta el momento ha paseado por varios festivales obteniendo premios y muy buenos comentarios, por citar uno importante, Sundance.

No es Hollywood, no hay chistes mal contados, no hay situaciones chistosas (gags), no hay héroes, no hay villanos, no hay galanes ni vampiresas, son personas comunes y corrientes, salvo el protagonista, un papel magistralmente interpretado por Giannis Drakopoulos, quien no sonríe en toda la película y reclama para sí el derecho a la tristeza.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here